19cc

PALABRA DE DIOS

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.

Ustedes enviaron mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron gozar un instante de su luz.

Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.

Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca han escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en ustedes, porque al que él envió no lo creyeron.

Estudian las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no quieren venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, les conozco y sé que el amor de Dios no está en ustedes.

Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibieron; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibirán.

¿Cómo pueden creer ustedes, que aceptan gloria unos de otros y no buscan la gloria que viene del único Dios? No piensen que yo les voy a acusar ante el Padre, hay uno que les acusa: Moisés, en quien tienen su esperanza. Si creyeran a Moisés, me creerían a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creerían en sus escritos, ¿cómo van a creer en mis palabras?».

Jn 5, 31-47

REFLEXIÓN BREVE

En el diálogo entre Dios y Moisés, se refleja la audaz confianza del profeta en la misericordia divina. Dios, indignado por la infidelidad de su pueblo, planea destruirlo, pero Moisés intercede con firmeza y amor, recordándole su compromiso con el pueblo que Él mismo liberó de Egipto. Este episodio, aunque reconstruido por el autor sagrado, muestra la osadía de Moisés al invitar a Dios a “arrepentirse” de su intención y la pasión por defender a una humanidad descarriada. Nos invita a preguntarnos: ¿tenemos nosotros una confianza tan incondicional en Dios y el amor por los demás para interceder por ellos de este modo?

En el Evangelio de Juan, Jesús defiende su misión con cuatro argumentos: el testimonio del Padre, quien actúa en Él; el de Juan el Bautista, que lo presenta como el Cordero de Dios; el de sus obras, que reflejan el plan divino; y el de las Escrituras, donde Moisés ya hablaba de Él. Sin embargo, quienes se cierran a la fe y excluyen a Dios no pueden reconocer estas evidencias. Este relato nos desafía a confiar en Jesús como enviado del Padre y a discernir quién tiene autoridad en nuestra vida para guiarnos en cómo vivir según el designio di- vino.

ORACIÓN

Señor, que eres tan bueno y que me has regalado tantos dones y oportunidades, aquí me tienes, a mí, a quien muchas veces ni me acuerdo de Ti. Me pongo en tu presencia en este pequeño momento de oración. Lo único que quiero es recibirte en mi corazón. Ayúdame a encontrar la verdadera felicidad. Señor, Tú que lo puedes todo, aumenta mi confianza para que pueda creer con una fe más desinteresada. Ayúdame a olvidarme de mí mismo y a lanzarme a encontrar tu voluntad.

ENTRA EN TU INTERIOR

Los momentos que reservo para tus cosas, Señor, son muy pocos y pasan rapidísimos. ¿Qué más puedo hacer por ti? Tú me conoces, soy débil, pero sé que con tu gracia puedo; en ti, está mi fuerza; contigo, no vacilo.

 Propósito: Hoy amaré más al Señor en mi familia, ayudando a todos en lo que necesiten de mí.

ORACIÓN FINAL

Jesús, guía nuestros pasos en la verdad y abre nuestros corazones a tu luz.

Que tu testimonio sea nuestra fuente de vida. Amén.